Maricarmen Saldaña
Psicóloga y educadora sexual
TW: @Mari_Saldania
¿Cómo lograr enfocarnos en lo relevante? Aquí hay cuatro claves que te pueden ayudar.
Lo innecesario es todo aquello que no nos acerca a lo que en verdad queremos ser o hacer. No es nada fácil identificarlo, ya que a veces llegamos a creer que, por ejemplo, estar al tanto de lo que pasa en el celular nos genera bienestar. Si no lo miramos cada cinco minutos, experimentamos desasosiego.
Hay que aplicar un criterio razonable para definir qué es lo que realmente deseamos, en especial, a largo plazo. Para establecer qué es lo que está sobrando, tenemos que adoptar una perspectiva a futuro. Ese cotilleo que me hace pasar un rato divertido, ¿de qué manera incidirá en mi vida a mediano y largo plazo? ¿Ayuda a que yo consiga lo que quiero?
Para poder enfocarnos en lo relevante, necesitamos limpiar un poco la casa, la mente y el corazón. Si hay demasiados objetos, ideas o sentimientos, va a ser muy difícil identificar lo que realmente deseamos y lo que no.
Ordenar el pensamiento solo es posible si realizamos un ejercicio constante de autoobservación. En este caso tiene que ver, en primer lugar, con hacernos conscientes de cómo manejamos el tiempo. ¿A qué se lo dedicamos? ¿Por qué? ¿Qué actividades priorizamos?
Después de unos días de observarnos atentamente, podemos preguntarnos si nuestra manera de vivir es coherente con lo que deseamos conseguir o coincide con la clase de vida que queremos construir. Si es coherente y coincide, significa que estamos enfocados en lo que es relevante para nosotros. Si no, significa que no estamos actuando en nuestro propio beneficio.
Es relevante todo aquello a lo que le concedemos un enorme valor. Los hijos, la pareja, los proyectos laborales, los viajes, la familia, la creación o lo que sea. Comprender esas realidades que, a nuestro juicio, pueden llevarnos a sentirnos plenos. Normalmente nos dedicamos a lo irrelevante cuando, por alguna razón, no encontramos el camino para conseguir lo que deseamos.
Para enfocarnos en lo relevante, necesitamos redescubrir ese deseo. A veces, solo logramos esto cuando dejamos de sentir miedo. Aunque parezca cosa de locos, los seres humanos podemos tener miedo de desear, porque también tememos no conseguirlo. Por eso inhibimos ese deseo, muy frecuentemente, a través de distracciones triviales.
Redescubrir el deseo activa nuestra motivación. Si no lo hace, quizás estamos confundidos. Podemos creer, por ejemplo, que deseamos cambiar de trabajo, pero en realidad lo que queremos es sentirnos más competentes y valorados. Y esa es la razón por la que no encontramos un nuevo empleo: ese no es el deseo real que nos mueve.
Si identificamos qué es lo más relevante para cada uno de nosotros, no hay razón para no alinear nuestros esfuerzos en torno a esto. Cuando hablamos de alinear esfuerzos nos referimos a invertir tiempo, energía, pensamiento y corazón en aquello que realmente nos interesa.
Lo más relevante coincide con lo esencial y, por lo tanto, no se trata de algo que podamos postergar o perder de vista. Cuando alineamos los esfuerzos le damos a aquello un lugar central en nuestro diario vivir, lo cual no significa obsesionarnos con ello o vivir exclusivamente en función de esto.
Si lo que más deseamos es que nuestros hijos estén bien, este deseo se convertirá en una fuente de refuerzo positivo cuando le dedicamos tiempo, empeño y sensibilidad a ese objetivo. Si lo que queremos es alcanzar un propósito laboral o cualquier otra cosa, aplica la misma fórmula.
Enfocarnos en lo relevante equivale a construir una alianza entre nuestro deseo y nuestra voluntad por satisfacer ese deseo. Una tarea que nos es sencilla en un mundo que constantemente nos seduce para que nos detengamos en lo irrelevante y pasajero. Sin embargo, vale la pena porque de eso se trata buena parte de la vida: de conseguir lo que realmente deseamos.
Fuente: La mente es maravillosa
Esta es una pregunta que se está planteando cada vez más en el mundo académico y, sobre todo, en el mundo de la psicología. La igualdad entre géneros ha traído muchos cambios y uno de ellos es la forma en que nos relacionamos unos con otros. Los hombres y las mujeres comparten ahora como iguales muchos aspectos de su vida, pero ¿pueden ser solo amigos?
La psicología evolutiva parece tener una respuesta al porqué esto no siempre funciona, pero lo cierto es que cada vez hay más personas que eligen amigos que no son de su mismo sexo. Parece que la respuesta la estamos encontrando, como en casi todo, en la capacidad de las personas de conocerse a sí mismas y a su entorno.
Sin el desarrollo de esta capacidad es posible que hombres y mujeres tiendan a malinterpretar las señales, y esto es uno de los mayores obstáculos para que podamos ser solo amigos, sin comedia romántica de por medio. De hecho, parece que esta capacidad sería la base de la verdadera amistad entre hombres y mujeres.
Aunque, básicamente, todos sabemos en qué consiste la amistad, es importante saber también que para hombres y para mujeres la amistad tiene diferentes matices. La amistad es una relación de intereses compartidos, de apoyo y de compañía. Pero hombres y mujeres entendemos esto de diferentes maneras.
Los hombres desarrollan un sentido de la amistad entre ellos basado en actividades. Son relaciones más casuales que se definen como “uno al lado del otro”. Son relaciones poco íntimas y transaccionales. Los hombres no suelen compartir sus sentimientos con otros hombres, aunque sí comparten un gusto por la camaradería y los intereses comunes y la amistad es duradera en el tiempo.
Las mujeres somos otro mundo. La amistad entre mujeres no está tan concebida como “una al lado de la otra” sino más bien como “cara a cara”. La amistad entre mujeres está basada en la intimidad, en los sentimientos y pensamientos compartidos y son relaciones mucho más emocionales y dependientes de contacto.
El sentido del humor es otro factor que nos distingue. Mientras que los hombres aprenden a burlarse de sus amigos para reírse y el hecho no tiene mayores consecuencias, las mujeres no usamos el sentido del humor hiriente entre nosotras por miedo a que la otra persona salga dañada.
En realidad, y visto así, la amistad entre un hombre y una mujer es mucho más completa que la mantenida entre personas del mismo género. Las mujeres encontramos en nuestros amigos varones la camaradería y la afición por actividades, aficiones o temas académicos o laborales. Los hombres encuentran en sus amigas féminas un apoyo emocional que sus congéneres no saben brindarles.
De esta manera parece, a priori, ser la relación de amistad perfecta, los vínculos de conexión son muchos y ambos nos aportamos infinidad de cosas mutuamente. ¿Entonces, qué es lo que falla? Parece que según varios estudios es la tensión o atracción sexual o romántica la que puede afectar negativamente.
Un estudio llevado a cabo en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, y publicado en la revista Evolutionary Psychology, encontró que hombres y mujeres se malinterpretan mutuamente en referencia a las señales de interés sexual. No sabemos interpretar las señales de interés sexual cuando nuestra amistad pertenece al otro género.
Parece que las mujeres interpretamos las señales de interés sexual como amistad y que los hombres, habitualmente, interpretan las señales de amistad como interés sexual. Otros estudios anteriores a este ya arrojaban datos poco alentadores a este respecto.
Los estudios sobre selección natural nos mostraban que los hombres perciben el interés sexual en exceso, con lo que resultan más propensos a sentirse sexualmente atraídos por sus amistades femeninas según esta visión evolucionista
Pero, aunque los evolucionistas argumentan sobre este instinto innato en los varones, lo cierto es que no es un factor decisivo. Antes de tirar la toalla y resignarnos a no entendernos, debemos saber que este factor solo dificulta la relación de amistad, pero no la hace imposible.
La buena noticia es que nuestras nuevas generaciones, los jóvenes milenials, están desarrollando muchas menos dificultades a la hora de entablar y mantener amistades de calidad con el género opuesto. De hecho, les resulta absolutamente normal ser solo amigos. También es cierto que a los más mayores esto parece estar costándoles un poco más.
En el pasado hombres y mujeres se relacionaban en cuestiones puramente románticas y reproductivas. Pero en la actualidad, en muchas partes del mundo, hombres y mujeres interactúan de una manera que no tiene precedentes históricos. Trabajamos juntos, estudiamos juntos, compartimos tiempo de ocio e interés por muchos temas que nos unen mucho más de lo que nos separan.
Como en muchos otros aspectos del buen desarrollo personal, la sana amistad entre hombres y mujeres parece tener algunos secretos que merecen ser desempolvados y puestos en práctica, tanto por hombres como por mujeres.
A pesar de que los hombres malinterpretan más las señales de interés sexual, yo me atrevería a decir que las mujeres interpretamos también erróneamente las señales de interés romántico en los hombres. Si nuestra amistad oculta alguna esperanza de resultar en romance o relación sexual, alguien saldrá herido.
Aprender a ponerse límites a uno mismo y a los demás es algo fundamental para que la relación de amistad entre un hombre y una mujer resulte exitosa. Al fin y al cabo, respeto y límites es algo que todos ponemos de manera inconsciente cuando las amistades son de nuestro propio género.
Los amigos no se invaden el espacio personal ni el tiempo. En toda amistad hay unos códigos implícitos que nadie cuestiona. Y esas mismas reglas de respeto hay que desarrollarlas cuando nuestros amigos son de distinto género al nuestro.
Superar, como personas adultas que somos, nuestros instintos más básicos y hacer un buen ejercicio de inteligencia emocional puede ayudarnos a desarrollar amistades con el otro género que nos aportarán muchas cosas buenas a nuestra experiencia de vida.
La amistad entre hombres y mujeres no es solo posible, sino que probablemente sea la más completa relación de amistad que exista. Como en casi todo, es una cuestión de evolución personal.
Fuente: La mente es maravillosa
Fuente: Eme de Mujer